La palabra llanta viene del francés “jante”; quién pensaría que este elemento tan pesado y tosco vendría de la lengua más romántica y estilizada. En esa misma antítesis se embarcaron los creadores de SOAMCA, una empresa de soluciones ambientales para el caucho, que pasa de tener una llanta con un peso aproximado de 15 kg, o a veces más, a convertirse en un polvillo casi igual que la arena.

SOAMCA, nace en 2017 oficialmente, gracias al emprendimiento que gestaron Mónica Viviana Arias, Ingeniera industrial, Jorge Camargo Ortiz (esposo) y Diego Fernando Arias (su hermano). Los tres decidieron emprender un camino al que nadie en la región le había apostado, son los primeros gestores autorizados en Risaralda para dar soluciones ambientales a este material que es un contaminador de alto impacto en las ciudades.

La primera parte de su trabajo, confiesa Mónica, no es nada fácil, desde lo logístico hasta lo ubicacional, la recolección de las llantas que en su caso lo hacen en un rango de 13 a 22,5 rin, entre lo más grande como llantas de volquetas y tractomulas hasta las de un bus o un carro. La segunda es la revisión en limpieza del producto. La tercera es el procesamiento de la llanta en la máquina, es decir el triturado de la misma, y finalmente la recolección en costales y tulas de dicha llanta que se ha vuelto granulado “Los granulados que manejamos son malla 6 para procesos de inyección, malla 8 y 12 para canchas sinteticas y/o tapetes artificiales y malla 20 o 30 para mezclas asfálticas”, explica Mónica.

Mónica confiesa que lo más difícil de emprender es ver cómo un proyecto personal se puede convertir en el proyecto de vida no solo tuyo sino de otros, y eso genera de entrada un compromiso inigualable, es también una experiencia en la que debes volverte el mejor en lo que haces, saberte promocionar, dar soluciones y hacer crecer más la iniciativa.

 

Como precursores en la región con esta iniciativa de solución ambiental, admiten que más que una empresa este es un proyecto familiar que los ha hecho fortalecer lazos y que ha permitido que gran parte de lo que aprendieron en la universidad se lleve al territorio.

Mónica, orgullosa egresada, agradece todo lo que pudo vivir en el campus, la dimisión social y de conciencia ambiental que le brindó la Tecnológica y las herramientas académicas que obtuvo en las aulas de clase.