Crisol nace como una historia de amor entre dos, Ana María Duque Mejía, egresada de tecnología industrial de la UTP con una Maestría en Educación, y César Valencia Lopera, administrador de empresas, llevan ese sentimiento a un plano más plural y crean una fundación donde la base principal es el amor.

Crisol, transformaciones con amor, nace hace 11 años en medio de un proceso con la Fundación Germinando, ambos, se conocieron en Colonias, Esperanza Galicia. De allí para adelante la historia se volvió un conjunto de complicidades, luchas, amores y esperanza.

Desde ese amor que entre Ana y César hay, han creado una corporación que brinda un alto cambio de impacto social en Colonias, la invasión donde se conocieron.

La vocación por ayudar le brindó a Ana poder conocer al amor de su vida, y poder crear junto a él el proyecto de su vida.

En Crisol transformaciones con amor, literalmente, desde esa semilla implacable que es el amor le brindan una nueva mirada sobre la vida a personas que han sido desplazadas y maltratadas en y por la vida. Desde el aspecto psicológico, educativo y laboral, Crisol brinda toda un nuevo panorama reconstructivo y progresivo, ya que pasaron de ser un pequeño espacio de ayuda para algunas madres con atención en media jornada para 25 niños a ser jornada de 8 horas, atendiendo a 50 niños en Esperanza Galicia, con bibliotecas, espacios de teatro y música, restaurante escolar, avistamiento de aves, alojamiento de intercambio para extranjeros, mercado de pulgas, entre otros. Igualmente, han ayudado a varios jóvenes a ingresar a la universidad cuando éstos pensaban que era algo imposible. 

 

 

La transformación, explica Ana, es desde adentro, desde ese ser que ha sido tan lastimado, que no cree en sí mismo y en que merece algo mejor, a finalmente, ser quien apoye la fundación desde dando ejemplo, terminando sus estudios, ser partícipe en los procesos de biblioteca, lúdica y cocina.

Cuando Ana ve hacia atrás, agradece a la vida por haberla llevado hasta esa comunidad olvidada por el estado, allí pudo conocer a su esposo, pudo potenciar sus habilidades pedagógicas y académicas, algunas de ellas brindadas gracias a su paso por la UTP, y además pudo potenciar esa vocación de servicio que se fortaleció en el seno de una universidad pública y que hoy es el pilar de su espíritu líder y transformador.