Claudia Cardona y Yanyi Morales están hechas de sueños, cuando la mayor tenía 3  años y la menor 1 año salieron de su pueblo natal Monteloro (valle) a Pereira, víctimas de un desplazamiento forzoso de esos que solían hacerse en nuestro país; llegaron al barrio Caracol La Curva que las acogió durante 13 años, allí crecieron y lo vieron todo, lo bueno y  lo malo; la realidad era una pintura cruda que se asomaba por sus ventanas cada día. A pesar de los conflictos al interior de Caracol La Curva se ven, recuerdan con afecto lo que su madres tanto les decía “Yo nos le puedo dar muchas cosas pero les puedo dar estudio” dicen una frase que mantuvo vivo el deseo constante por formarse.

Para las hermanas llegar a la educación superior era un sueño que por fortuna pudo cumplirse gracias a su perseverancia, ambas son egresadas de la Universidad Tecnológica de Pereira; Claudia Cardona es licenciada en Bilingüismo y Yanyi Morales Licenciada en Artes Visuales.

En alguna de las actividades dentro del pregrado de Artes Visuales, Yanyi realizó un ejercicio de memoria histórica que la llevó a preguntarse cómo desde el arte se podía descubrir qué piensan los niños sobre la historia de Colombia; amarrado a esto vinieron las prácticas universitarias de las dos hermanas quienes intervinieron en su comunidad con un proyecto que llegaría para movilizar los sueños de los más pequeños.

 

Darle la vuelta a la realidad.

No hay de canchas, ni jardines infantiles, las  bibliotecas son un espacio físico imaginario y el trabajo informal manda la parada, los espacios para el entretenimiento se reducen a bañarse de vez en vez en las aguas del río Consotá; Las esperanzas parecen a veces desaparecer, ésta tal sea tal vez haya sido la razón que dio vida a Coja la Curva un proyecto de innovación social  que pretende romper el círculo de pobreza característico de los sectores deprimidos de nuestro país.

Inició su intervención en el salón comunal del barrio, aunque no pudieron quedarse ahí por mucho tiempo continúan el proceso en casa de la mamá de las hermanas Morales y Cardona. En mitad  de la sala se abre un espacio que se expande como si fuese una metáfora del “ágora” y recibe a 20 niños que ven clases de Inglés, salsa, yoga, taekwondo, teatro e historia; todas direccionadas a trabajar la percepción de la realidad en los más chicos movilizando sus sueños personales hacia nuevas oportunidades de vida.

“Los días de paz se volvieron más largos hasta que ya vivimos en armonía” dice un fragmento del poema construido en clase de historia por los niños de La Curva y da la sensación que entre líneas agradecen a Yanyi y Claudia por fijar sus ojos en la comunidad.

Lo que cura casi siempre brota  de la tierra.

El fuego que envuelve a Coja La Curva arde pero no quema,es el encargado de sanar las fatigas emocionales que se acumulan generación tras generación en los sectores deprimidos de una sociedad.

Este fuego sanador, seca las lágrimas de las madres que han visto caer a sus hijos en la droga, abraza a las mujeres que han perdido a sus esposos por la violencia, fortalece a los hombres que dan sustento a su familia y alumbra el camino de quienes aún conservan las ganas de soñar, los niños.