Reciclar, proteger el medio ambiente y cuidar y respetar a los demás seres vivos. Esos fueron los valores que desde pequeña recibió Olga Lucía Quintero. Su vena verde se empezó a cultivar aún más en el colegio cuando en bachillerato llevó la modalidad de ambiental en el Inem Felipe Pérez. Al terminar los estudios allí, 6 meses después Lucía ingresó a la carrera que se ajustaba a sus búsquedas, desde lo pasional y laboral. Entró a Administración Ambiental en el año 2004, en ese curso por el campus Quintero apoyaba fundaciones de perros y gatos, y a la par daba algunas charlas de protección ambiental en Tribunas Córcega.

Bajo los contratiempos propios de las universidades públicas y algunos problemas de salud, para Lucía se prolongó su estadía en la U y solo hasta 2015 pudo recibirse como Administradora Ambiental.

Su proyecto de grado, hoy también proyecto de vida, fue una búsqueda personal. El proyecto para despedirse de la U y titularse debía ser consecuente consigo misma, con sus búsquedas e intereses. Tenía opciones de planes en educación ambiental, pero ella quería crear su propio proyecto, uno que invitara a la acción, que impactara de alguna forma en su entorno, es así como bajo muchos trazos e ideas sueltas, en el marco del curso de emprendimiento innovador, Native Packing, un proyecto de empaques biodegradables a partir del bagazo de la caña de azúcar.

El ciclo entre bagazo y empaque que el producto como tal vive es muy similar al de la creación de papel. El bagazo luego de ser desechado se recolecta, se lava muy bien, se seca, se plancha y finalmente se toman los pliegues del mismo material para poder formar los empaques. Y para los empaques que van para productor alimenticos, éste va con un recubrimiento hecho a base de fécula de maíz.  

Con proyecto ideado, seguía hacer el estudio de factibilidad el cual resultó bien. El producto, sería entonces el proyecto de grado de Lucía, pasaje directo para graduarse como Administradora Ambiental.

 

El proyecto ha participado en concursos en la CARDER, aunque por motivos formales tuvo que desistir de dicho premio; pero este es un proyecto que nació y se gestó en las aulas, con las asesorías y con los apoyos del curso de emprendimiento que brindó la universidad, aún sigue en espera de llevarse a término como quiere Olga Lucía. Cuenta que el  voto de especialidad que tendrán estos empaques es la personalización de los mismos, puesto que para cada empresa que desee tenerlo, de manera interna en el empaque se pondrán leyendas, tendrán juegos, historias y anécdotas de la misma empresa y de la misma ciclo vital del empaque.

Esa mirada de un producto desechable Lucía pretende cambiarla a un producto donde no contaminarás y podrás vivir toda una experiencia alrededor de éste.

Su proyecto va en marcha, aún sigue tejiendo las partes que le faltan, espera culminar detalles para que empiece a ser parte de alguna empresa de marroquinería, de alimentos o quien decida contribuir al ambiente. También confiesa que parte de este sueño suyo es dado por la UTP, sin toda la enseñanza que la universidad le brindó gran parte de lo que tiene hoy no podría ser. La U le heredó la responsabilidad, el respeto, la perseverancia y pero sobre todo, el deseo de creer en sí misma siempre.