Aunque en un principio fue la pasión que lo trajo hasta donde está hoy, Héctor Fabio Ospina, ya no juega fútbol, o por lo menos ya no como antes.

Héctor, a pesar del gran recorrido que tiene, es un hombre con alma joven –confiesa-. Su pensamiento se ha mantenido, continúa teniendo el espíritu del niño que dirigía a sus amiguitos en los partidos en el andén de su casa, el mismo que observaba los partidos movimiento a movimiento en las canchas de la universidad soñando con dirigir y aprender más sobre el fútbol, el mismo que hoy hace lo que más disfruta y ama.

Graduado en el 96 del Deogracias Cardona. Jugador joven de las divisiones menores del Deportivo Pereira. Egresado de la Universidad en Ciencias del Deporte, con una especialización en Gerencia del Deporte en la UTP. Entrenador deportivo, scouting deportivo y apasionado por la música y el arte. 

Sus primeros años en la Universidad Tecnológica de Pereira, recuerda, no fueron fáciles, aunque estudiaba lo que quería, también jugaba en el Pereira desde los 16 años, y eso hacía que se perdiera de vivir con más plenitud el campus, mientras entrenaba y viajaba debía perder varios momentos de clase y extraclase. En 2001 deja de jugar fútbol para dedicarse de lleno a la Universidad, lo que sería el paso para convertirse ya no solo en un apasionado del fútbol sino en un pensador de este deporte.

 

Los frutos de un sueño tras la pelota

Entre muchos de sus pasos, se destaca un viaje que cambiaría su concepción sobre el país, y de paso sería una fuente de inspiración para llevar a flote proyectos que hoy le cambian la vida a muchos jóvenes y niños. Viaja en 2006 a Argentina con el fin de entender: ¿por qué ellos son campeones mundiales? esta experiencia le permitió posar su mirada no solo en la acción sino en la reflexión, de ahí que aprendiera que para que un deporte dé frutos se tiene que estudiar paso a paso. En su estancia en este país logró hacer parte del Club Boca Jr, esto lo ayudó a dimensionar la riqueza que posee nuestro país en todos los campos.

Después de estar un año en Argentina, regresa en 2007 a Colombia, y de allí en adelante se desplega una carrera de proyectos prometedores y de alto impacto: inicia el proyecto Escuela de Fútbol Boca Jr. filiar del Club de Argentina –que a 2018 completa 11 años de formación-, escuela que posee dos vías, una como escuela de fútbol y la otra sirviendo cómo laboratorio deportivo; años después empieza a trabajar como asistente técnico en el Deportivo Pereira, pero sin dejar el proyecto de la escuela que empezó a impactar en barrios vulnerables de la ciudad como Las Brisas, Nacederos y los 2500 lotes. También trabajó para el Club Sao Pablo de Brasil en su estadía en dicho país. Otro de sus logros fue llevar como Campeones Nacionales al equipo de docentes de la universidad por primera vez en su historia en 2013. Trabaja como Asistente técnico para el equipo Nacional de Ecuador. En 2014 empieza a dar clases en el Pregrado del que es egresado. Empezó, también, a desempeñarse como scouting, analizando varios equipos nacionales como Atlético Nacional, Once Caldas y Deportivo Pereira. La lista sigue siendo larga, pero además de todo, se desempeñó como Técnico en República Dominicana en el equipo Inter RD, a quien de estar en la serie B,  los hizo ascender a la A.

 

 

 

Enriquecedor es hablar de la hoja de vida de Héctor, pero hay algo en su vida que nunca ha dejado de ser un eje central, la Universidad Tecnológica de Pereira. Inaugurar, por ejemplo, en 2016, las canchas sintéticas ha sido uno de los logros más importantes y de los que más se siente orgulloso. Tener el laboratorio de fútbol, proyecto del cual se desprende el Semillero de investigación en fútbol, los grupos de investigación (Compuesto por los grupos de Robótica, de Ciencias del deporte y el de Estadística de la U. Andina) y que busca que la universidad tenga un equipo de fútbol profesional es lo que hoy más lo hace trabajar. Laboratorio, además, que estuvo presente en el Mundial de Fútbol siguiendo de cerca los partidos y analizándolos.

Hoy, al hacer un paneo de toda su vida, Héctor reconoce a la universidad como el espacio que lo hizo medirse como persona, le permitió crecer, y sigue siendo su casa, más allá de los logros, de todo ese camino de liderazgo, sacrificios y trabajos, estar aún hoy en los pasillos de la universidad, es su forma de agradecer y corresponder lo que en el pasado lo hizo creer y soñar como persona y como profesional en su campo.