Su nombre es Alexánder García  Zapata, pero todos le dicen Xánder “Creo que me voy a cambiar el nombre, soy más como me dicen que como me llamo”,  y es egresado de la Licenciatura en Comunicación e Informática  Educativa de la UTP.

En el medio cultural de la ciudad Xander es conocido por sus proyectos en colectivo, pero específicamente, por una revista que nació de un proyecto de la clase “Impresos”, la revista se llamó SubCulturas. Esta revista, que nació en 2009, ha sido el polo a tierra, la guía que siempre lo ha acompañado en todos sus procesos y búsquedas. El primer proyecto en colectivo que decidió realizar en el campus de la universidad se llamó Café Expresarte, en ese tiempo, Xander hacía parte de las monitorias de la Vicerectoria de Responsabilidad Social, y buscaba empezar a abrir espacios alternativos dentro de la misma universidad. Así fue como se gestó lo que hoy es ComCultura, además de activar el campus con eventos, buscaban trascender ese lugar y llevar las muestras a otros espacios de la ciudad; la revista SubCulturas empezó  a cumplir ese propósito.
Se buscaron patrocinio para continuar con la impresión de la misma en La Alcaldía de Pereira y otras empresas, y de ahí, el camino se empezó a labrar poco a poco. El primer evento más grande, como él lo llama, fue el Convivencia Rock, que en ese momento de inicio se llamaba Risaralda Convivencia Rock, Xander hacía parte de la mesa directiva, y estaban aliados a la Red Nacional de Festivales,  una fórmula para la proyección hacía otros lugares del país y también una búsqueda para expandir la experiencia musical, “No solamente que se llegara al festival  a ver música sino que se empezara a encontrar otro tipo de cosas dentro del mismo, que la música sea un gancho para vivir toda una experiencia, ver los eventos como plataformas culturales para los emprendedores, desde el vendedor artesanal o informal, hasta el músico” afirma Xander. De esa siguieron otras versiones más del Convivencia, hasta que éste no fue más.

De allí surgió otro evento más, la creación de un festival que llegó a dos versiones y que tuvo alianza con el Festival de Blues del Otún, el Festival Pacto por la Paz (2015-2016), la distinción de este festival fue  procurar una reconciliación en público entre una víctima y un ex guerrillero, esto justo 3 años después de que se firmara, a propósito, el primero acuerdo de lo que sería el proceso de paz. El evento era una forma de respaldar la coyuntura del proceso de paz, de invitar a los demás a procurar una mirada de respeto y esperanza frente a este momento histórico del país “Verlo en televisión es una cosa, pero presenciar cómo dos personas que vivieron la guerra desde diferentes puntos se toman de la mano y se abrazan, , eso hace sentir que todos debemos sintonizarnos con este asunto de la paz, que es un tema de todos, para nuestro bienestar” así lo vio Xander y eso lo seguía impulsando a trabajar en colectivo, que en últimas ha sido el motor: invitar e involucrar a gremios que en otro tiempo eran tan difícil de juntar “Que todos se pongan de acuerdo no es fácil, pero el discurso, la palabra, hizo que empezáramos a creer en esto, saber que si no nos uníamos, aun siendo ya tan pocos, jamás iba a pasar nada en la ciudad. El sector debe unirse para que sucedan cosas”.

Comcultura funciona a partir de proyectos: las organizaciones que lo conforman se suman por proyectos que se van dando, el proyecto es el motivo de unión y trabajo entre diferentes actores de la cultura en la ciudad. Así pasó con los anteriores, pasó con El primer mes de la Juventud en 2015, una propuesta que nació después de la cancelación de las Fiesta de la Cosecha. Hacerlo no fue  fácil, afirman, les incumplieron varios compromisos de presupuesto, pero realizaron el mes completo: cine, música, talleres, conciertos, gastronomía, todo hecho en colectivo, con la ayuda desinteresada de un gremio que solo busca respecto y valoración por parte de la entidades gubernamentales de la ciudad; ese mes en la Estación del Ferrocarril fueron las fiestas alternativas de la cosecha. Todos lo conocimos como Ciudad_Es, el evento tuvo invitados como César Augusto Acevedo, director de La Tierra y la sombra, César López, creador de la Escopetarra, y desde Estados Unidos estuvieron prendiendo la fiesta nocturna The Cornlickers y el maestro R.L. Boyce.

Todo ese mes fue darse cuente que eso era lo que querían, activar espacios multiculturales donde la voz de cada expresión tuviera un espacio y la ciudad no se vistiera de gris siempre, fue, también, el mes donde más gestores y promotores de lo alternativo se sumaron a la iniciativa de pensar la ciudad desde la cultura.

 

El año pasado, en 2017, después de esos resultados alentadores, nace el Festival Internacional Blues y Fusión, un evento macro que lograron hacer con varias corporaciones y gestores de la ciudad. El evento, como siempre lo han pensado, reunía varias expresiones de arte y cultura, y conglomeraba  artistas de todos los campos. El público pudo disfrutar de opciones variadas para vivir, en un solo día, toda una experiencia alrededor de la música, y nuevamente el epicentro que Comcultura siempre ha tomado para sus eventos fue El Parque Olaya.

 

 

 

La universidad, confiesa, fue la base para llegar hasta donde llegó hoy, para que se despertara esa inquietud, y de alguna forma, fue una plataforma importante para proyectarse, pasar de la academia a la praxis. Para Xander el concepto de liderazgo está ligado a una posición especial en la vida basada en el respeto hacia lo que se hace, la confianza que se brinda y las personas que rodean  esos procesos. Agremiar varias miradas no ha sido fácil, insiste, pero cree que la innovación en los proyectos, más allá de poseer elementos nuevos para gestar proyectos, es hacer algo tan humano y sencillo como pocas veces se cree: apostar por la idea de colectividad. El fuego que indudablemente los despierta es el que cada líder, corporación o proyecto tiene para brindar a esa gran iniciativa que los une.