Era 1999, Internet se empezaba a posicionar como una red prometedora. En ese entonces, Juan Diego Gómez Valencia, de la ciudad de Manizales, con 18 años, estaría a portas de entrar a la Universidad. El destino lo trajo a Pereira, a estudiar en la Universidad Tecnológica de Pereira.

Ingeniería de Sistemas resultó ser una carrera que implicó retos, pero de igual forma, su desempeño siempre estuvo a la altura.


“Creo que al final estaba destinado para esa carrera porque no me costó mucho”.


Mientras estudiaba fue monitor de auditorios, y dictaba clases de matemáticas y programación. De esos tiempos, recuerda mucho El Galpón como un epicentro para el encuentro, desde su mirada, fue el lugar donde más se desenvolvió socialmente.

Por su desempeño, en último semestre logra obtener una pasantía para estudiar en Suiza, es así como termina su tesis, la envía y se gradúa a distancia. Su estadía en Suiza fue por 1 año. La tesis, sobre “Redes neuronales artificiales” que realizó en los laboratorios europeos fue semilla de lo que hoy es su vida laboral. El tema lo descubrió en Internet, pero como ese era un ítem de avanzada solo se veía en clases de maestría, así que se las ingenió para ser asistente de la Maestría en Ingeniería Eléctrica y poder profundizar en dicho tema.

 

 

Una exploración que afloró como proyecto de vida

 

El desarrollo de esa tesis desembocó un nuevas oportunidades para la vida de Juan Diego. Hizo una Maestría en Inteligencia Artificial. Otra en Visón por Computador. Doctorado en inteligencia Artificial y en Neurociencia Computacional. Postdoctorado en Neurociencia. Con sus proyectos de convergencia de mundos, entre lo tecnológico y la medicina, ha logrado impactar a personas invidentes que logran ver de nuevo.

En su haber posan reconocimientos como el Premio Dalle Molle en Inteligencia Artificial de la Fundación Dalle Molle.

Entre esas y muchas cosas más, se destacan en la vida de un joven que no ha parado aprender, y que desde su campo le ha cambiado contundente la vida a muchas personas.

Trabajar en este proyecto, además, fue consecuente con lo que hacía mientras estaba en el pregrado, puesto que con los aprendizajes que obtenía aplicaba en la parte clínica.

Lo tecnológico toma otras dimensiones cuando es visto desde el desempeño que Juan Diego. El origen, la piedra angular de todo ese conocimiento que hoy le otorga reconocimiento, afirma, se lo debe, en cierta medida a la Universidad, puesto que fue el lugar que le mostró otra dimensión del mundo, y le brindó herramientas para poder crecer intelectualmente. También, la lección que deja su oficio, es ver cómo desde las mismas ingenierías y/o tecnologías se puede aportar socialmente y cambiar vidas.