Luis Fernando Gaviria Trujillo, biólogo con una especialización en Microbiología de Alimentos. En su regreso a Pereira, en 1982, se vincula a la Corporación Autónoma Regional de Risaralda, CARDER, en varios proyectos como el Diagnóstico y calidad de aguas del Rio Otún, como Director y Coordinador de Programas, Jefe Oficina de Planeación, Director y más tarde Subdirector de Proyectos. Entre todos esos pasos también tuvo tiempo para seguir estudiando, hizo una especialización en la Universidad Tecnológica de Pereira en Procesos Industriales Agroalimentarios.

Desde esto, Luis Fernando llega a los territorios de la UTP a ser parte de la creación de uno de los programas más cotizados e importantes de la región, el programa de Administración Ambiental. En éste Gaviria fue invitado a trabajar en el documento para construir el marco conceptual y filosófico para crear dicho programa de Administración Ambiental, aprobado dos años después de su creación. A la par, presentaron el proyecto de cooperación técnica a la GTZ (Agencia de Cooperación Alemana), proyecto de cooperación internacional para la creación del programa de Ambiental, que al final no solo procuraría el programa sino también la Facultad de Ciencias Ambientales. Después de todo este esfuerzo de liderazgo, por mérito Gaviria fue nombrado Decano de dicha facultad desempeñando dicho rol por 6 meses, después llega a ser Director de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda -CARDER-, más tarde Viceministro de Política y Regulación, entre otros cargos, hasta llegar a ser Asesor de la Rectoría de la Universidad Tecnológica de Pereira y finalmente, hoy por hoy Rector de la misma Universidad.

Cada paso de ese recorrido largo y tendido por la academia y el sector laboral ha sido impulsado por su vocación nata a las ciencias vivas, por su vena investigativa, por preguntarse el por qué de la naturaleza, por su pasión por la física y la mecánica. Aunque éstas no sean sus únicas pasiones, como todo hombre amante de la naturaleza, Gaviria también es un hombre sensible, amante de la música, coleccionista de vinilos y apasionado por la gastronomía desde el rol amateur. En algún momento de su vida se desempeñó como agricultor, como cultivador de café, de mora castilla, de pimentón; también como ganadero y lechero.

Verlo de traje hoy, con una sonrisa sencilla, nada impuesta, con su aire tranquilo y espontáneo, es afirmar que es un hombre que ha sido consciente de cada paso que da, consecuente con sus pasiones, deseos y comprometido con la Universidad que siempre le ha sabido abrir las puertas y ha confiado en él.