Cuando se refieren a él lo hacen como “Pollito” o El Flaco Augusto. Un hombre trifacético, de espíritu joven. Bailarín, pero nada tomador y con una base de lealtad innegociable.

Así evocan los amigos más entrañables el recuerdo que tienen de Augusto Ramírez, docente, jugador y amigo que falleció el 12 de enero de 2018 de un paro cardíaco. Una partida súbita, inesperada, pero que se dio justo después de que su equipo de docentes ganara junto a la universidad y el Club Boca Jr. la Copa Ciudad Pereira, un día que entre celebración, orgullo y risas disfrutó él con sus más allegados, una manera de decir adiós.

 

Primer rostro: el académico

El recorrido fue largo y constante, consecuente por ser uno de los primeros egresados de la Facultad de Mecánica, graduado en dicha Ingeniería entre 1966 y 1967. Con una Maestría en Holanda. A su regreso al país es convocado a ser Decano de la misma facultad que lo formó, y en ese rol se alió con el ICFES y el ICETEX para llevarle a su alma mater los laboratorios de los que hoy disfrutan y dan uso los estudiantes de dicha carrera. Creó y dirigió el 11 Congreso Mundial de Robótica en 1995, dicho evento, hay que destacar, ha sido uno de los que históricamente han marcado hitos en la Universidad, por traer alrededor de 100 investigadores internacionales, sin contar los más de 200 invitados nacionales entre investigadores, docentes y académicos en la materia. Por esos méritos, y unos años antes de jubilarse, a Ramírez se le otorga la medalla Jorge Roa Martínez en 1996, por su labor como director de dicha facultad.

 

Segundo rostro: El Político

Sus pasos no pararon e hizo parte del Concejo Municipal de la ciudad, fue Alcalde del municipio de Dosquebradas, Gerente Técnico de las Empresas Públicas, y aunque era un hombre de ala liberal, antes que eso, era amigo, y se codeaba con todos, desde los más humildes hasta las personas más importantes de los gremios deportivos, académicos y políticos.

 

Tercer rostro: El futbolista

 


“Pellízcate compañero y reflexiona, estás con el equipo o estás contra él”


Así reza una nota titulada “Querer es poder” que Augusto Ramírez le compartió a sus colegas jugadores en uno de los momentos difíciles de su equipo, un pringonazo, a su estilo, para invitarlos a  seguir adelante.

Quizá, para sus amigos y allegados más cercanos ésta era el rostro más representativo de Augusto.

Su vida, desde niño giró en torno a la pelota, a seguirla, a no perderla de vista; de alguna forma, el motor que lo fortalecía para seguir adelante, en la jugada.

Jugó en el Deportivo Pereira. Fundó con amigos, el equipo de profesores de la universidad en los años 80. Creó la hoy reconocida Copa Ciudad Pereira y en estos dos últimos dedicó toda su vida, de manera incesante, contra el tiempo, contra la misma edad, y contra todo pronóstico, el fútbol siempre fue el polo a tierra de Augusto.

Aunque estas tres facetas configuraban ese rostro carismático y sencillo, siempre había algo que trasversalizaba esa vida, la Universidad. Allí llevó a grandes ligas su pasión por la pelota, allí se destacó como docente, decano y gestor. Nunca se fue del campus, fue su hogar, y hoy, aunque no esté en cuerpo presente, sus acciones, sonrisas, y fuerza, lo hacen permanecer, desde el recuerdo, en la Universidad Tecnológica.