Al son de un tinto, Daniel Zapata Castro y Javier Santa Castaño narran el paso a paso de Mi Colilla, Nuestra Ciudad; un proyecto que nace en los corredores de la Universidad Tecnológica de Pereira, producto de las horas libres que dejaba el paro del año 2013. Ellos, que jamás han sido fumadores activos, vieron en las colillas ajenas una oportunidad de aportar al cuidado y protección del medio ambiente. A simple vista, Daniel posee una fuerza que impulsa a sobremanera a sus compañeros de trabajo, Javier en cambio tiene la cabeza fría que necesita un grupo de emprendedores que basa su proyecto de vida en la investigación y el desarrollo, a su lado camina Andrea Chica Valencia la mujer que dota de sensibilidad al  proyecto y quien se une a los ingenieros desde el momento cero.

Daniel y Javier, pertenecieron a la junta directiva de ANEIAP en el 2013, allí trabajaron en la logística y producción de la asociación, adquiriendo una experiencia que años más tarde sería impulso para su proyecto de vida, para el año 2015 Daniel Zapata fue elegido como presidente de la asociación; a la par que ejercía como directivo se iban incubando en él, y en Javier Santa, una serie de ideas alrededor del emprendimiento que no salían fácilmente de sus cabezas. En una de sus visitas industriales como estudiantes activos de ANEIAP fueron a Papeles Nacionales, allí surge el primer destello de innovación empleando desechos y reciclaje, que tiempo después tendría como consecuencia un proyecto con enfoque socioambiental.

El ejercicio investigativo al que se adentraron estos emprendedores los llevó a repasar varias opciones que aportarían a la sostenibilidad del planeta bajo la premisa de aprovechamiento de residuos sólidos, en uno de sus mapeos encontraron las colillas, un residuo contaminante “invisibilizado” que había sido ya sujeto de estudio en  México por Leopoldo Benítez. Comenzaron a obsesionarse con las colillas, su toma de conciencia sobre este residuo los hizo fijarse en lo que parecía estar oculto “La gente no tira basuras, pero sí colillas” dice Daniel, para explicar que la problemática es mucho más grande de lo pensado y que afecta a todos.

Lo que un principio era visto como “síndrome del capitán planeta” – o al menos eso les decían – se convirtió en una iniciativa de ciudad que sale de la UTP para tocar puertas de otras entidades como la Cámara de Comercio y Tecnoparque. A través de ferias, eventos y redes sociales comienza la multiplicación de un mensaje que encuentra como receptores activos al público joven y organizaciones como Favi UTP y La CARDER favorecimiento a Mi Colilla, Nuestra Ciudad en algunas de sus convocatorias.

Innovar para la educación:

“A la gente se le olvida lo que tu le dices” expresa Andrea Chica para explicar la importancia de la educación ambiental, tienen claro que no se trata de llenar la ciudad de contenedores hay que ir más allá; con estrategias pedagógicas que se amarran a medios masivos como prensa, radio y televisión sensibilizan a la ciudadanía sobre el uso y reciclaje de los desechos sólidos para que entienda que no todo es basura. Actualmente su mayor reto es mantenerse en pie replicando la iniciativa en otras ciudades y países para que el hábito postconsumo de reciclaje aumente y encontrar así una una viabilidad comercial para el desecho.

Tras dos años de trabajo al proyecto se han adherido Santiago Preciado López y Tatiana Marín Valencia, tecnólogos químicos que continúan su formación académica en la UTP en el pregrado de Química Industrial ambos aportando al proyecto desde la parte técnica e investigativa. El resultado de dos años de trabajo deja 100 contenedores distribuidos en toda la ciudad, la movilización ciudadana derivadas de colillatones donde se han recogido hasta 53.000 colillas y el apoyo de entidades que han creído en iniciativas con carácter sostenible.

Daniel, Javier y Andrea son la materialización de las ideas, su convicción ha sido el alma de su innovación convirtiéndose en referente local y regional, el vivo ejemplo de que la universidad es el espacio adecuado para la formulación del proyecto más importante, el de la vida y que es entre aulas y bancas que se forman los líderes que encenderán la luz de las generaciones venideras, como si fuesen antorcha en camino inexplorado. Su llama está en el punto más alto ardiendo sin interrupciones porque ha nacido en cada uno de ellos y contagia a quienes voltean a mirarla como si nunca antes hubieran estado cerca de un buen fuego.