Aunque Lusbian confiesa que tenía una gran pasión por la pintura y la artes, ingresó al programa Ingeniería Industrial, carrera que en esos años era más dada para hombres. Terminó sus estudios dentro de los tiempos establecidos, sin contratiempos, a pesar que no solo se dedicara a estudiar, ya que también debía ser mamá. Esa experiencia es lo que hoy reconoce como una fórmula para seguir adelante, la formó como una mujer fuerte, valiente y capaz a pesar de cualquier adversidad.

Su padre la apoyó para conseguir su primer empleo, que fue en la Cooperativa de Caficultores de Risaralda donde se desempeñó como Auxiliar de digitación de sistemas, en ese cargo, que no era directamente el que aplicara para la carrera que estudió, también vio y entendió que el camino se labra con esfuerzo y astucia, fue así como aprendió observando para poder ejercer más adelante el cargo de la que en ese momento era su jefa, y así, con su seguridad y decisión, terminó siendo Tecnóloga en sistemas y jefe administrativa, estando allí 5 años, hasta su desición de emprender otros caminos.

Su lista de trabajos se hizo más amplia, hasta descubrir algo que en definitiva cambiaría su manera de trabajar y de ver la vida laboral, en ella misma y los demás. En 2004 conoce el proceso de Biodanza, una técnica terapéutica corporal que desarrolló el chileno Rolando Toro. Este sistema de desarrollo personal tiene como pedagogía el cuerpo basado en las emociones. Conocer ese proceso sería consecuente con su Especialización en Desarrollo Humano y Organizacional, y con esa conexión que siempre había sentido y tenido con lo humano, con el lado sensible del hombre. Lusbian era consciente que las personas no se podían tratar como máquinas y que era necesario crear una atmosfera de trabajo óptima.

 

Danzar para sanar

Esa metodología innovadora que Lusbian llevó a la universidad fue el primer paso para empezar a recorrer el país enseñando esta técnica. Se involucró en 2008 en el Plan de gestión humana montando los procesos humanos en la universidad, buscando fortalecer a las personas, para que se conectaran con su ser bajo el plan de formación y desarrollo para ellos. Este paso no fue fácil, estas metodologías no son fáciles de comprender para los gremios, pero perseverante, Lusbian continuó su camino. Hoy se desempeña como asesora en el mismo plan de gestión y desarrolla todo el proceso de coaching ontológico personal. Su trabajo es acompañar a las personas a que se encuentren consigo mismas, que tracen sus retos, en últimas, que sean felices.

 

 

El paradigma de la ingeniera cambió, todo esto le enseñó que lo laboral no se puede separar de lo humano, por eso su oficio es tan valioso, Saray dimensiona todas las facetas del ser humano, entendiendo que todo es un mismo tejido que debe funcionar anclado por una misma onda y que si algo no funciona bien, todo lo demás podrá fallar. Esas concepciones hoy la dividen en tres pilares para potenciar:

1. generar autogestión de su propia vida; 2. revisar creencias limitantes y creación de competencias expansivas; 3. enfoque apreciativo “Apreciar lo que hoy somos, lo que hoy tenemos, lo que la universidad hoy le ha dado a la gente”. Por eso sigue en la universidad, esa ha sido su forma de devolverle lo que ésta le brindó cuando apenas era una adolescente soñadora.

Todo es una misma columna, en palabras suyas, si hay un profesor con bienestar en su vida, con buenas competencias y con buena calidad humana; y si hay unos administrativos conscientes de su labor, conscientes de su gestión, de que los estudiantes son lo primero de esta organización, allí habrá calidad y bienestar en la institución, y lo más importante, en la vida personal.